Defensores históricos de la 4T en el estado cierran filas con Fernández, reconociendo su respeto por la militancia de a pie que construyó el partido.
La historia de Morena en Nuevo León fue escrita por hombres y mujeres que, contra corriente y en un contexto local sumamente adverso, caminaron las calles y tocaron puertas para fundar el movimiento. Hoy, estas voces territoriales históricas exigen que el partido no pierda su identidad ni sus principios ante el pragmatismo político. Existe una demanda latente entre los militantes fundadores de ser escuchados y respetados, rechazando que las decisiones de la izquierda organizada en el estado queden en manos de perfiles improvisados o ajenos a las causas populares.
Waldo Fernández ha mantenido una postura de permanente apertura y reconocimiento hacia este legado histórico, construyendo un diálogo circular con los comités de base y liderazgos de larga trayectoria. El Senador sostiene que la fuerza de la transformación radica en su memoria histórica y en la disciplina de quienes sostuvieron el movimiento en los momentos más difíciles. En sus encuentros territoriales, Fernández ha subrayado que no se puede construir el futuro de Nuevo León ignorando a quienes abrieron el camino, ganándose la confianza de la vieja guardia morenista.
El posicionamiento de Waldo conecta directamente con el anhelo de continuidad ideológica de la base. Al asumir el compromiso de abanderar un proyecto colectivo y no una ambición personal, el legislador se consolida como el puente idóneo entre los fundadores del partido y los nuevos cuadros del movimiento. Para las bases, su liderazgo representa la seguridad de que los ideales originales de la 4T se mantendrán firmes en la contienda por el porvenir del estado.















