La intensidad del fenómeno meteorológico agudizará las sequías en las regiones agrícolas del norte, noroeste y occidente del país
El fenómeno meteorológico de “El Niño” se proyecta para este ciclo con un impacto severo y agresivo sobre el territorio mexicano, caracterizado por un repunte drástico en las temperaturas y una marcada disminución en los niveles de precipitación. De acuerdo con proyecciones analizadas por la startup tecnológica Rennaissance, este escenario climático adverso conducirá a condiciones de sequía crítica que impactarán de manera directa a la actividad agrícola de los estados del norte y noroeste del país, extendiéndose con afectaciones severas hacia entidades clave como Guanajuato, Jalisco y Michoacán.
Ante la falta de humedad y la desaparición de la Comisión Nacional de Zonas Áridas (Conaza) —organismo que operaba estos proyectos de forma oficial desde 2021—, la alternativa tecnológica se enfoca en la estimulación artificial de lluvias. Representantes del proyecto señalaron que sistemas implementados previamente en desiertos de Sonora, Chihuahua, Baja California, así como en Coahuila y Tamaulipas, han arrojado resultados positivos. La tecnología actual busca maximizar cualquier nubosidad disponible durante la temporada: si el volumen de nubes es escaso, el sistema promete extraer entre un 50 y 60 por ciento extra de agua, un margen que los desarrolladores califican como “la diferencia entre el éxito o el fracaso de una temporada” para los productores locales.
El principal reto actual radica en la capitalización del sector, por lo que se busca promover el financiamiento de esta tecnología directamente a través de los gobiernos estatales y organizaciones de productores. Según los análisis de viabilidad de Rennaissance, el costo operativo del bombardeo de nubes se estima en apenas 4 pesos por hectárea mediante el monitoreo de pluviómetros e imágenes satelitales, resultando altamente redituable frente a las pérdidas multimillonarias que genera la escasez. Maximizar el almacenamiento de agua se vuelve una prioridad urgente no solo para el autoconsumo agrícola nacional, sino también para cumplir con los tratados de entrega de agua hacia Estados Unidos en un entorno de alta exigencia internacional.















