El antiguo Tribunal del Santo Oficio en el Centro Histórico de la CDMX, que juzgó a más de mil 500 personas, es hoy un museo de acceso gratuito donde la UNAM prepara una exposición inmersiva sobre la Inquisición.
En la esquina de República de Venezuela y República de Brasil, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, se alza uno de los inmuebles más singulares del país: el antiguo Tribunal del Santo Oficio, construido entre 1732 y 1736 por el arquitecto Pedro de Arrieta. Su fachada de tezontle rojizo y cantera, su portada achaflanada y sus Columnas de Hércules lo distinguen del entorno comercial y eclesiástico que lo rodea. El 10 de junio pasado se cumplieron 206 años desde que esta institución, que juzgó a más de mil 500 personas, cerró sus puertas definitivamente.
Hoy el edificio de 13 mil 200 metros cuadrados alberga el Museo de la Medicina Mexicana, la Palacio de la Escuela de Medicina y aulas de la UNAM. Sus corredores forman un laberinto de salas dedicadas a la herbolaria, la botánica y la anatomía, con acceso gratuito de lunes a domingo. En las antiguas cárceles secretas, donde los presos no sabían cuánto tiempo permanecerían ni lo que ocurriría tras cruzar el umbral, reina hoy un silencio distinto: el de un espacio transformado en patrimonio cultural.
La UNAM prepara la exposición inmersiva Cautiverio de las almas, la primera muestra sobre la Santa Inquisición organizada íntegramente por la máxima casa de estudios. Sus coordinadoras subrayan que el predio donde se perseguía cualquier amenaza a la fe católica se ha convertido en un centro de conocimiento: “Los lugares donde hubo terror y amargura se convirtieron en algo bueno: espacios dedicados a la educación, la investigación o la ciencia.”















