Manifestantes enfurecidos por apagones de 30 horas queman mobiliario oficial, mientras se reportan heridos de bala y una fuerte represión policial en la isla
Cientos de habitantes del municipio de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, protagonizaron una violenta jornada de protestas durante la madrugada de este sábado, que culminó con el asalto e incendio de la sede local del Partido Comunista de Cuba. Los manifestantes, agotados por más de 30 horas sin electricidad y la escasez de alimentos, sacaron muebles y retratos oficiales a la calle para alimentar una hoguera masiva al grito de “libertad”. Este estallido social se suma a una serie de cacerolazos que han sacudido diversos puntos de la isla, incluyendo sectores de La Habana, en lo que ya se considera la movilización más fuerte desde el histórico 11 de julio de 2021.
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue inmediata y severa, registrándose reportes de disparos contra civiles desarmados y el corte del servicio de internet en las zonas de mayor conflicto para evitar la difusión de videos en redes sociales. Organizaciones de derechos humanos y líderes del exilio denunciaron que al menos un joven resultó herido de bala durante los enfrentamientos, mientras que el Ministerio del Interior confirmó el arresto de cinco personas calificadas de “vándalos”. El gobierno ha iniciado una investigación formal por los daños al edificio público, intentando contener un descontento que parece haber superado la barrera del miedo tras ocho noches consecutivas de protestas.
Este recrudecimiento de la crisis ocurre apenas horas después de que el presidente Miguel Díaz-Canel confirmara públicamente la existencia de conversaciones con el gobierno de Estados Unidos para buscar soluciones a la asfixia energética que padece el país. Sin embargo, la apertura diplomática no ha logrado mitigar la desesperación de la población, que enfrenta un colapso casi total de los servicios básicos. La situación en Morón refleja la extrema tensión que vive la sociedad cubana, donde el hambre y la falta de energía han desplazado cualquier intento de diálogo oficial frente a una demanda ciudadana que exige cambios estructurales inmediatos.















