El sector agropecuario mexicano se perfila hacia un año de alta vulnerabilidad en 2026, marcado por la reducción presupuestal, el abandono de políticas públicas y una creciente dependencia de las importaciones. De acuerdo con la Central Campesina Independiente, los productores enfrentarán un escenario de incertidumbre al no contar con garantías claras para la comercialización de sus cosechas básicas.
La situación se agrava por factores climáticos como la sequía y por las reglas comerciales derivadas del T-MEC, que impactan costos y condiciones de importación. A esto se suma la advertencia de que el gobierno carece de recursos suficientes para pagar cosechas de maíz, trigo y sorgo, incluso cuando ya se encuentran almacenadas, lo que debilita la seguridad alimentaria nacional.
Las cifras recientes refuerzan este panorama: en 2024 la producción de maíz blanco cayó 12 por ciento, mientras que el arroz y el sorgo también registraron descensos significativos. Para cubrir la demanda interna, México ha incrementado sus compras en el exterior, principalmente a Estados Unidos, lo que refleja una pérdida de autosuficiencia y un futuro complicado para los campesinos.















