La muerte de Alex Jeffrey Pretti, ciudadano estadunidense de 37 años y enfermero de cuidados intensivos, ocurrió en un contexto de alta tensión social en Mineápolis, marcado por protestas masivas contra las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump. El incidente se dio cuando agentes del ICE actuaban en la avenida Nicollet, un día después de movilizaciones multitudinarias. Versiones oficiales afirmaron inicialmente que se trataba de un inmigrante indocumentado armado, pero posteriormente la policía local confirmó que era ciudadano estadunidense sin antecedentes criminales, más allá de infracciones de tránsito.
Imágenes difundidas por la prensa y videos grabados por testigos contradicen la narrativa federal. En ellos se observa a Pretti intentando auxiliar a una mujer caída antes de ser rociado con gas, rodeado por varios agentes, golpeado y sometido en el suelo mientras sostenía un teléfono celular. Tras ser inmovilizado, se escucharon disparos y su cuerpo quedó inerte, sin que se apreciara arma alguna en sus manos. Aun así, funcionarios del DHS y de la Patrulla Fronteriza justificaron el uso letal de la fuerza, insistiendo en que representaba una amenaza.
El hecho provocó una fuerte reacción social y política. Multitudes bloquearon calles, exigieron la salida del ICE y realizaron vigilias en Mineápolis, Washington y Nueva York. El alcalde Jacob Frey y el gobernador Tim Walz solicitaron el apoyo de la Guardia Nacional y criticaron la actuación federal, mientras Trump los acusó de incitar a la violencia. La muerte de Pretti, ocurrida semanas después de otro caso similar, se convirtió en símbolo del rechazo creciente a los operativos migratorios y profundizó el debate nacional sobre el uso de la fuerza y la rendición de cuentas de las agencias federales.















