El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) se ha convertido en la mayor fuerza federal de seguridad en Estados Unidos, encabezando la ofensiva antimigrante del gobierno de Donald Trump. Su crecimiento ha ido acompañado de denuncias por uso excesivo de la fuerza, abusos y un clima de temor, tanto entre migrantes como entre ciudadanos que cuestionan sus operativos.
En lo que va de 2026, se han registrado varias muertes bajo custodia de ICE, sumándose a un récord de 31 fallecimientos durante arrestos el año pasado. La agencia cuenta actualmente con unos 22 mil agentes y ha incrementado la población detenida a más de 70 mil personas diarias, distribuidas en cerca de 200 centros de detención, muchos operados por empresas privadas.
El Congreso aprobó un aumento histórico al presupuesto migratorio, mientras el gobierno ha recurrido a bases de datos privadas y cazadores de recompensas para localizar indocumentados. Aunque las autoridades justifican estas acciones como un combate al crimen, la mayoría de los detenidos no tiene antecedentes penales, lo que ha intensificado las críticas por discriminación y autoritarismo.















