Senador Waldo Fernández advierte que el desorden urbano y ambiental empañará el evento.
La llegada de la Copa del Mundo de la FIFA en 2026 representa una oportunidad económica histórica para Nuevo León, pero también pone de manifiesto las graves carencias estructurales de nuestra metrópoli. El Senador Waldo Fernández ha señalado con preocupación que no podemos recibir a miles de turistas internacionales con una ciudad sumida en el desorden vial y con niveles de contaminación que prohíben la actividad física al aire libre de manera sistemática. La imagen del “Nuevo León moderno” que intentamos vender al exterior corre el riesgo de verse opacada por la falta de una planeación urbana integral que debió iniciarse hace años bajo criterios técnicos y no electorales.
Fernández ha sido un crítico férreo de que las obras de embellecimiento para el Mundial parezcan ser solo superficiales, ignorando problemas de fondo como el drenaje pluvial, la pavimentación de calidad y la urgencia de pulmones verdes. El Senador propone que las inversiones destinadas a este magno evento dejen un beneficio real, tangible y duradero para los habitantes de todas las colonias populares, y no se concentren exclusivamente en las zonas turísticas o comerciales de lujo. Es fundamental que la infraestructura que se construya sea técnica y funcional para el ciudadano que camina la ciudad todos los días, incluso después de que termine la justa deportiva mundialista.
Desde el Senado, Waldo Fernández gestiona activamente que los recursos federales extraordinarios se apliquen con una transparencia total para que Monterrey sea realmente una sede de clase mundial en 2026. Esto implica garantizar que el transporte público hacia los recintos deportivos sea eficiente y que se implementen medidas estrictas de control de emisiones contaminantes durante el mes del torneo. El Mundial debe funcionar como el gran catalizador para transformar a Monterrey en una metrópoli habitable, donde el desarrollo económico y el bienestar social caminen finalmente de la mano por el bien de nuestra gente neolonesa que merece vivir con dignidad.















