Algunos en Morena están tan desesperados porque se están quedando atrás, que la frustración y el resentimiento ya les nublaron el cerebro
En Morena hay adversarios internos que no duermen. No porque estén trabajando, sino porque andan vigilando posadas ajenas y haciendo cuentas que solo existen en su cabeza.
La más reciente hazaña de los malquerientes de Waldo Fernández fue intentar demostrar que un senador que convive con la gente, recorre municipios y organiza encuentros… gasta dinero. ¡¡Vaya descubrimiento!!
Eso sí, hay que reconocerles algo: han logrado combinar de manera equilibrada la visceralidad con la estupidez, una proeza política nada fácil.
Tan mal les cayó el crecimiento de Waldo que decidieron ir un paso más allá del chisme digital y tratar de boicotear una posada navideña con la militancia de Morena.
El problema es que, otra vez, la realidad siempre termina imponiendose. La posada que juraban iba a ser un fracaso terminó siendo todo un éxito: más de 1,200 personas asistieron, Mil doscientas, No bots, No “acarreados imaginarios”, Personas reales, con frío, ponche y memoria.
Y mientras los operadores del teclado denunciaban, intentaban, desacreditar el trabajo del senador, la gente —sin guion y sin línea— empezó a responderles en sus publicaciones:
“Waldo para gobernador”, “El senador más trabajador que he conocido”, “Yo sí lo conozco y ya me ayudó”, “Ha salido a barrios y municipios desde el primer año”
El comentario más demoledor fue: “diles en Escobedo que mejor gaste en la gente y no en ti”.
El balance es claro, los ataques no frenaron a Waldo, el boicot fracasó, la posada reventó de gente, y los denunciantes quedaron denunciándose solos.
En política hay señales inequívocas: cuando atacan sin estrategia, cuando la crítica provoca aplausos, cuando la gente responde antes que el equipo… No es debate, Es pánico. Y nada exhibe tanto la pequeñez política como intentar apagar una fiesta y terminar iluminando el crecimiento del adversario.















