La milicia chií intensifica su ofensiva en solidaridad con Irán, mientras la capital libanesa sufre nuevos ataques aéreos que elevan la tensión regional
El grupo paramilitar libanés Hezbolá ha ejecutado una de sus operaciones más agresivas de los últimos meses, lanzando una oleada masiva de cohetes y drones cargados de explosivos contra diversas posiciones militares y asentamientos en el norte de Israel. Esta acción, descrita por la organización como una respuesta directa a la reciente intervención aérea de potencias occidentales en la región, ha activado las alarmas de defensa antiaérea en múltiples ciudades israelíes. Aunque el sistema “Cúpula de Hierro” logró interceptar gran parte de los proyectiles, se han reportado impactos que han causado incendios y daños materiales significativos, incrementando el temor a una apertura formal de un segundo frente de guerra.
En represalia inmediata, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron una serie de ataques de precisión contra objetivos vinculados a Hezbolá en el sur del Líbano y, de manera más contundente, en los suburbios de Beirut. Los bombardeos en la capital libanesa apuntaron a centros de mando y depósitos de armas estratégicos, provocando densas columnas de humo que se observaron desde distintos puntos de la ciudad. El gobierno de Israel ha advertido que cualquier agresión proveniente del Líbano será respondida con una fuerza “desproporcionada”, señalando que no permitirán que la milicia chií desestabilice sus fronteras mientras lidian con las tensiones con Irán.
La escalada de hostilidades entre Hezbolá e Israel ha forzado el desplazamiento de miles de civiles en ambos lados de la frontera, creando una crisis humanitaria que se agrava con el paso de las horas. La comunidad internacional, encabezada por la ONU y Francia, ha instado a ambas partes a la máxima contención para evitar que el Líbano se convierta en el próximo epicentro de un conflicto incontrolable. Sin embargo, con el intercambio de fuego intensificándose y la retórica belicista en su punto más alto, la posibilidad de una tregua parece alejarse, dejando a la región al borde de una confrontación total que podría involucrar a múltiples actores internacionales.















