El prestigioso diario británico examina cómo la mandataria mexicana se ha consolidado como la líder democrática de izquierda más popular del planeta, combinando rigor científico con un estilo de gobernar propio.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha logrado posicionarse a la vanguardia de la política internacional al mantener niveles de aprobación superiores al 70%. En un extenso análisis titulado “¿Cómo se convirtió la presidenta de México en la líder izquierdista más popular del mundo?”, el rotativo británico The Guardian desglosa los componentes de su gestión y su personalidad. A diferencia de las tradicionales élites políticas, Sheinbaum proyecta su identidad y la narrativa de su movimiento (“Por el bien de todos, primero los pobres”) a través de decisiones simbólicas cotidianas, como el uso exclusivo de prendas confeccionadas con telas nacionales y motivos indígenas por la diseñadora Olivia Trujillo, un trabajo artesanal que la propia mandataria ha calificado como “el orgullo de la nación”.
El perfil destaca una marcada evolución respecto al estilo de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Mientras que AMLO basó su trayectoria en la confrontación mediática y la competencia partidista, Sheinbaum es descrita como una académica y activista social de raíz —forjada desde los 15 años en movimientos de apoyo a madres de desaparecidos políticos— que apuesta por la prudencia, los datos duros y una disciplina impecable, caracterizada por jornadas que inician a las 4:00 de la mañana. Esta filosofía de “cabeza fría” ha sido su principal herramienta para sortear los complejos desafíos de su administración, particularmente el manejo de la seguridad interna tras operativos de alto impacto y la defensa irrestricta de la soberanía nacional frente a las presiones e intentos de intervencionismo por parte del gobierno estadounidense de Donald Trump.
A pesar de haber enfrentado persistentes narrativas machistas por parte de la oposición que intentaban reducir su autonomía o cuestionar su personalidad, el diario británico concluye que la jefa de Estado ejerce un “poder discreto” que mantiene intacto su arrastre popular. Sin conceder entrevistas exclusivas y canalizando la comunicación pública a través de sus conferencias matutinas diarias, Sheinbaum es percibida por su entorno cercano como una figura que no ha cambiado con el ascenso político. En palabras de la propia mandataria rescatadas por el medio, gobernar implica tomar decisiones firmes y resistir las presiones subsecuentes, manteniendo siempre la convicción de que el poder no es un asunto personal, sino un instrumento de servicio.















