Díaz-Canel anunció reformas para descentralizar la economía cubana, facilitar la inversión privada y reestructurar el Estado.
En plena escalada de presiones por parte de la administración Trump —que incluyó amenazas de intervención militar por parte del mandatario y su secretario de Estado, Marco Rubio—, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció un amplio paquete de reformas económicas y estatales. Entre las medidas más relevantes destaca la descentralización productiva: los gobiernos municipales tendrán mayores facultades para gestionar importaciones, exportaciones e inversión extranjera sin depender de planes centrales. Además, se agilizará la creación de micro, pequeñas y medianas empresas, y se abrirá la puerta a la inversión directa de cubanos residentes tanto en el exterior como en la isla.
La restructuración alcanzará también al aparato del Estado, el gobierno, el sector empresarial, el Partido Comunista y las organizaciones de masas en todo el país, con un proyecto de ley que será presentado ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. Las empresas estatales socialistas podrán operar sin intermediarios y con mayor participación de los trabajadores en decisiones sobre salarios, utilidades y acceso al mercado cambiario. Díaz-Canel defendió la vigencia de la revolución ante lo que calificó como una estrategia de asfixia económica sin precedentes por parte de Washington.
El mandatario rechazó la caracterización de Cuba como “Estado fallido” —etiqueta utilizada repetidamente por Trump— y subrayó que ningún Estado en esa condición habría podido resistir el actual nivel de presión. “Son tiempos en que hay que cambiar”, afirmó, y llamó a aprovechar la crisis como punto de despegue para el crecimiento. La urgencia de generar riqueza para sostener programas sociales y reducir las desigualdades provocadas por el cerco petrolero y el bloqueo financiero fue el hilo conductor de su discurso.















