Si los socios no firman la extensión por 16 años, se activará un periodo de revisiones anuales obligatorias durante una década.
Los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá se aproximan a la fecha límite del 1 de julio para definir el futuro del T-MEC, sin que una falta de consenso signifique la cancelación inmediata del pacto comercial. Si las tres naciones no acuerdan una renovación automática antes de ese día, el tratado no expira, sino que entrará de forma automática en un esquema de revisiones conjuntas anuales durante los próximos diez años, manteniendo su vigencia garantizada al menos hasta el año 2036.
Mientras que México y Canadá ya oficializaron formalmente sus posturas de extender el acuerdo trilateral por 16 años más —según confirmaron el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, y el ministro canadiense Dominic LeBlanc—, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha rechazado una firma automática. El gobierno de Washington busca aprovechar este proceso de revisión para forzar nuevas mesas de negociación e imponer modificaciones sustanciales, enfocando sus prioridades en endurecer las reglas de origen de la industria automotriz y en la apertura del mercado lácteo de Canadá.
Ante la postura de la Casa Blanca, fuentes cercanas al proceso señalan que el escenario de no renovación e inicio de revisiones anuales es actualmente el más probable, lo que abriría un periodo prolongado de incertidumbre comercial en la región. En paralelo a este mecanismo de evaluación conjunta, Estados Unidos ya comenzó a trazar mesas de diálogo bilaterales y por separado con sus dos socios comerciales para desahogar las controversias pendientes, en un intento por destrabar las reglas del sector automotor y otras disputas arancelarias.















