Ambas naciones coordinan estrategias arancelarias y comerciales para proteger la cadena de suministro de la industria automotriz regional
Los gobiernos de México y Estados Unidos han iniciado conversaciones estratégicas con el objetivo de unificar criterios frente a la creciente expansión e introducción de automóviles procedentes de Asia, particularmente de China, en el mercado norteamericano. De acuerdo con funcionarios del sector comercial, la meta principal es blindar la industria automotriz local y garantizar que los vehículos comercializados bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) cumplan estrictamente con las reglas de origen. Esta alianza busca contrarrestar las prácticas comerciales que los productores norteamericanos consideran una competencia desleal subsidiada.
La estrategia bilateral se centra en armonizar las políticas arancelarias y los controles de importación de componentes tecnológicos y vehículos eléctricos de origen asiático. Las autoridades estadounidenses han expresado su preocupación de que empresas del continente asiático utilicen territorio mexicano como una plataforma de triangulación comercial para ingresar al mercado de EE. UU. evadiendo impuestos. Ante esto, la Secretaría de Economía de México ha manifestado su disposición para implementar mecanismos de supervisión más severos, protegiendo así las millonarias inversiones automotrices asentadas en el país.
Representantes del sector empresarial e industrial de ambas naciones coincidieron en que este blindaje es crucial para la supervivencia del empleo y el desarrollo tecnológico regional. El plan contempla no solo la aplicación de aranceles defensivos, sino también el fortalecimiento de incentivos fiscales para las automotrices que utilicen un mayor porcentaje de proveeduría norteamericana. Con estas medidas, los socios comerciales pretenden consolidar una cadena de valor autosuficiente y competitiva capaz de resistir el embate de las armadoras asiáticas en la transición hacia la electromovilidad.















