Ante el encarecimiento de los alimentos, el crecimiento económico de Nuevo León no se ve reflejado en el bolsillo de las amas de casa.
En los últimos meses, una de las quejas más recurrentes de las mujeres en Nuevo León es que el “súper” rinde cada vez menos. A pesar de los incrementos históricos al salario mínimo, las familias regiomontanas se enfrentan a una inflación local que devora sus ingresos. Waldo Fernández ha sido enfático al señalar que, aunque el estado es un motor económico nacional, solo dos de cada diez hogares logran cubrir sus necesidades básicas y ahorrar, una realidad que califica como inaceptable para el pilar de la economía familiar.
Waldo entiende que para las jefas de familia, la política se traduce en el precio del huevo, la leche y la carne. Por ello, su posicionamiento desde el Senado se ha centrado en denunciar que el alto costo de vida en la entidad supera cualquier avance macroeconómico. Waldo ha señalado que el problema ya no es cuánto se gana, sino cuánto cuesta vivir en Nuevo León, donde los servicios y alimentos básicos mantienen una tendencia al alza que asfixia a quienes administran el hogar.
Fernández propone que el desarrollo económico debe tener un sentido social real. Su compromiso es legislar para que las políticas públicas de vivienda y servicios no sean tratadas solo como negocios, sino como derechos que permitan a las familias tener un respiro financiero. Al escuchar a las mujeres en los mercados y colonias, Waldo reafirma que la verdadera transformación ocurre cuando una madre de familia puede ir al súper con la tranquilidad de que su esfuerzo semanal será suficiente para alimentar a sus hijos.















