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Entre el discurso de control y la realidad: Se le va de las manos la seguridad a Adrián de la Garza tras balacera en el centro

Pese a la inversión en tecnología y la narrativa de “blindaje”, el ataque en Juárez y Aramberri expone la vulnerabilidad del primer cuadro ante la delincuencia.

Monterrey, Nuevo León.- La reciente balacera en el cruce de las avenidas Juárez y Aramberri ha puesto a prueba la narrativa de seguridad del alcalde Adrián de la Garza. Mientras el edil asegura que Monterrey cuenta con un “blindaje” tecnológico a través del sistema C4i4 que garantiza la identificación de responsables, la realidad en las calles del centro proyecta una imagen distinta: siete civiles inocentes resultaron heridos en pleno día, en una zona que se supone bajo vigilancia constante.

Aunque el alcalde ha mantenido una postura triunfalista, enfatizando que los agresores están plenamente identificados gracias a las cámaras de monitoreo, analistas de seguridad y ciudadanos cuestionan si la estrategia de “Escudo Monterrey” es realmente preventiva o meramente reactiva. El hecho de que grupos de narcomenudistas se sientan con la impunidad necesaria para abrir fuego en una de las intersecciones con mayor flujo peatonal de la ciudad, sugiere que la presencia tecnológica no ha logrado disuadir la operación del crimen organizado en el primer cuadro.

De la Garza ha defendido su modelo de seguridad basándose en la inteligencia y la captura de objetivos clave; sin embargo, este incidente —donde varias personas permanecen en estado grave— subraya una brecha entre las promesas de una “metrópoli segura” y la percepción de riesgo de quienes transitan por el centro. Si bien es cierto que la capacidad de rastreo del C4 es superior a la de años anteriores, la frecuencia de ataques armados en zonas comerciales pone en duda la efectividad de los patrullajes preventivos y el control territorial por parte de la Policía de Monterrey.

Por ahora, la administración municipal apuesta todas sus cartas a la captura inmediata de los cuatro sospechosos identificados por las cámaras para validar su discurso de eficiencia. El reto para Adrián de la Garza no es solo demostrar que puede capturar a los culpables después del crimen, sino revertir una tendencia de inseguridad que, a pesar de los millones de pesos invertidos en tecnología, continúa cobrando víctimas colaterales en el espacio público.

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