Son los usuarios los que pagan la falta de planeación estatal.
La reducción de unidades en circulación ha provocado que miles de personas esperen más tiempo en paradas de camión saturadas. El transporte público se ha vuelto inservible y caro.
El senador Waldo Fernández ha calificado este escenario como una ineficiencia que nos cuesta caro. Subir tarifas sin mejorar el servicio sólo agrava el problema.
“El transporte no es negocio, debe ser un servicio público digno y accesible a los bolsillos de la gente”, ha reiterado.















