Por: Argonauta
El odio ciego y las historias falsas que apelan a la homofobia evidencian una estrategia desesperada de la oposición.
En su afán por desgastar la figura de Andrés Manuel López Obrador, un sector de la oposición mexicana ha caído en una trampa de su propia autoría: sustituir el debate de ideas por la fabricación de infamias. La propagación de declaraciones falsas atribuidas al cronista Carlos Monsiváis no es solo una agresión a la verdad, sino un síntoma de cómo la derecha daña su propio discurso. Al recurrir a mentiras tan burdas para descalificar al adversario, este bloque político renuncia a la construcción de una alternativa seria, intelectual y programática, autodestruyendo la poca credibilidad que le queda frente a un electorado que exige propuestas en lugar de ficciones malintencionadas.
Este fenómeno encuentra un terreno fértil en el odio ciego, una pasión política que nubla el juicio y anula el pensamiento crítico. Cuando el rechazo hacia una figura política se convierte en una obsesión visceral, la verdad deja de importar y el sesgo de confirmación toma el control absolute. Es así como miles de ciudadanos validan y comparten un texto apócrifo sin detenerse a verificar que no existe un solo registro hemerográfico de la supuesta entrevista, o que la cronología de los hechos es insostenible. El odio actúa como un anestésico de la razón, haciendo que la gente consuma y difunda calumnias simplemente porque satisfacen su necesidad de ver al rival destruido, sin importar el costo moral de la mentira.
Al final, la estrategia del engaño termina siendo un bumerán para la propia oposición. Una derecha que aspira a ser una opción real de gobierno no puede cimentar su narrativa en el fantasma manipulado de un ausente ni en el insulto personal. Validar este tipo de desinformación organizada solo demuestra debilidad ideológica y una profunda desesperación. Lejos de afectar la base dura del mandatario, estas patrañas terminan por blindarlo, permitiéndole victimizarse con justa razón y dejando a sus opositores atrapados en el lodazal de su propio resentimiento, divorciados por completo de la realidad del país.
Y si hubo un amorío entre AMLO y Monsiváis fue meramente ideológico y político.















